La sanidad, cuestión de Estado
El castellano cuenta con la locución coloquial “andar en coplas” que, en versión libre, significa que una persona o institución está en boca de todos por algún problema que afecta a su fama o estimación. Y en coplas anda ahora la sanidad en todas las comunidades, sea cual sea el color de su gobierno.
Este pilar del Estado de bienestar, que resistió la pandemia y era uno de los activos más valorados por los españoles, es ahora una de sus mayores preocupaciones por las deficiencias que tienen su expresión en la atención primaria y en la larga espera para consultas externas e intervenciones quirúrgicas.
Una parte del problema está en la falta de profesionales que, además, están mal pagados o trabajan en precario -sus protestas están más que justificadas- para atender a una población cada día más envejecida y más necesitada de cuidados por los enfermedades propias de su edad a las que hay que poner remedio en tiempo para evitar males mayores.
Queda dicho que los problemas del modelo sanitario son serios y transversales, comunes en todo el Estado y, por tanto, trascienden la “incompetencia y arrogancia” de Ayuso en Madrid y los “14 anos de recortes que están esnaquizando a sanidade pública galega”, según Ana Pontón. El problema lo tienen todos los gobiernos y todos los partidos y la búsqueda de soluciones incumbe a todos los políticos, sobre todo a los que encabezan las protestas.
El Gobierno central disfruta arremetiendo contra Ayuso, pero suya es la responsabilidad de dotar al modelo de más médicos y la creación de la especialidad de urgencias -que reclama Galicia- para proveer a todas las autonomías de profesionales suficientes. La Sanidad no es cuestión ideológica, como dice Patxi López, es un asunto de Estado y si el Gobierno no se ocupa de ella, ¿para qué se quiere un ministerio?
También se habla de escasa financiación, pero la solución no está solo en inyectar más recursos, sino en cambiar el modelo de gestión y eso requiere que todas las autonomías se sienten, debatan sin perjuicios y busquen conjuntamente las distintas alternativas de solución.
El camino estaría más despejado si el Gobierno de España tuviera “autoritas” para reunir a todas las partes, analizar el problema y promover como respuesta un Plan Nacional de Sanidad con unos principios aceptados por todos. Pero el Ejecutivo central carece hoy de capacidad y empatía para liderar esta iniciativa.
Mientras cada autonomía haga la guerra por su cuenta y la sanidad se utilice como arma política arrojadiza para buscar réditos electorales, como hace la oposición en Galicia y Madrid, la sanidad irá a peor hoy. Y mañana, porque el gobierno siguiente por sí solo tampoco garantizará su mejor calidad.
