Veintinueve, “veinte y muévete”
Es curioso cómo se presentan a veces los acontecimientos y van surgiendo las casualidades o causalidades, entretejiendo una malla, conectando puntos, uniendo espacios, lugares, personas o como en este caso, números, o mejor dicho un número, el 29. “Veinte y mueve” como le llamo yo ahora, porque un 29 de febrero de 2012, fecha especial donde las haya, una caída de esquí me llevó a una operación importante de rodilla, un largo tiempo de reposo y, sobre todo, reaprender a caminar, a moverme hacia un nuevo enfoque profesional. Sendero marcado por la PNL y un gran Maestro que inició su despedida el 29 de septiembre, Gustavo Bertolotto. Un 29 más para marcar en mi calendario vital, que trae a mi memoria sus enseñanzas al amparo de su lema “aprender disfrutando y disfrutar aprendiendo”.
Tiro del hilo de este número, en este telar de “Minerva & Aracne” que cada semana me permite tejer historias cotidianas, pensamientos sin pretensiones y experiencias personales, con el único afán de ser compartidas e invitar, quizás, a la reflexión.
Ese “veinte y mueve” de hace unos cuantos años me llevó a conectar con mi coherencia, alinear mis objetivos profesionales con mis valores personales y avanzar en un camino laboral, donde tenía claro que quería implicarme en proyectos retadores, que contribuyeran al desarrollo de personas y organizaciones y dónde disfrutar. Me topo entonces con un nuevo hilo, unas reflexiones de Josep Cister Rubio, creador de la serie “La Promesa”, a quién escuché recientemente en la radio: “al inicio de cada nuevo proyecto reúno al equipo y les digo, chicos, si estáis aquí es porque sois talentosos, habéis pasado un casting, habéis pasado por una productora, habéis pasado por una cadena y habéis sido elegidos para hacer este papel, pero yo no necesito el 100% de vuestro talento, solo el 80%, el 20% que queda generemos buen rollo… Es necesario, es imprescindible, divertirse y pasárselo bien en el trabajo.”
Y desde ese “veinte y mueve” de 2012, esa también ha sido mi máxima, “disfrutar e incentivar un clima de disfrute” en mis entornos laborales o en los de aquellas organizaciones a las que he acompañado en sus procesos de cambio y desarrollo. Son muchas las horas que nos pasamos en el trabajo así que, sin ser ajenos a las situaciones difíciles y a los obstáculos que se pueden presentar en el día a día, vale la pena generar ese “buen rollo”. Seriedad no es aburrimiento, ni la alegría espanta la eficiencia. El más serio de los trabajos requiere que las personas implicadas disfruten con él ya que su desempeño y compromiso serán mayores. No nos podemos instalar en el aburrimiento por dejación, inacción o rebeldía pasiva. Así perdemos la ilusión, el sentido de pertenencia, la chispa, y permitidme que os diga, que ir a trabajar sin nada de esto cada día se puede hacer muy cuesta arriba. No soy ajena a haber pasado por esas situaciones en algún momento, que no voy de “flower power”, pero reconozco que prolongadas en el tiempo agotan y no aportan, ni a título individual, ni al equipo o a la organización.
Pero ojo a los empachos por dulce, un ambiente excesivamente “buenista” puede esconder la evitación del conflicto. La divergencia, la confrontación, bien gestionadas, aportan nuevas ideas, procesos de mejora y, por lo tanto, mayor desarrollo.
La clave está en el equilibrio, no hay blanco ni negro, bueno o malo, autoridad o sumisión y como decía Bruce Lee “Hay que buscar el buen equilibrio en el movimiento y no en la quietud.”, así que “veinte y muévete”.
