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Victoriano Fernández: “Atravesar la noche”

a sala de ASCEGA, sita en la calle Antón Vilar Ponte, una Asociación de Jóvenes Empresarios coruñeses con un enfoque filantrópico de ayuda a artistas, acoge la obra más reciente, de Victoriano Fernández ( A Coruña, 1971) bajo el  poético título  de “Atravesar la noche”, la cual supone una vuelta de tuerca de sus anteriores exposiciones: “ La domadora de leones” (2015) y “Saturno” (2020), en las que planteaba el eterno combate del ser humano, ,incluido el suyo, con las dificultades y pruebas de la vida, a las que alude el maléfico astro.

Este pathos, esta laocontiana lucha, que él vive en carne propia, la traduce a un lenguaje abstracto, en parte en la línea del informalismo, por medio de composiciones  donde las viajeras manchas adquieren un valor metafórico y pueden traducir la idea de mácula, de imperfección, de desgarro, de búsqueda imparable o incluso de angustia ontológica. En su obra anterior, esto lo expresaba por medio del color; en la actual ha ido un paso más allá y se ha quedado con el contraste de espacios blancos y negros, de la  luz y de las sombras, que hablan del eterno  enfrentamiento de contrarios, una polaridad que parece haberse exacerbado en esta época donde el diálogo se ha convertido en bronca y no hay lugar para el matiz. El signo de los tiempos es ...-según confiesa-, el motivo de arranque, pero, en realidad, va mucho más allá y toda la obra  tiene un profundo alcance metafísico y la noche deviene alegoría de múltiples significados que van desde la sugerencia de recintos  semejantes a jaulas a la de garras prensiles o bocas fagocitadoras. En  estudiadas composiciones, en las que alterna  los espacios de lisa y espesa negrura que son como muros impenetrables, con los ritmos expansivos de manchas y trazos sueltos que buscan abrir fisuras o grietas en esa pared donde están atrapados, nos deja entrever enfrentamientos dolorosos, heridas íntimas y silencios que gritan ( valga la paradoja)., en oposición a todo ese otro griterío de una realidad hostil. La noche deviene así en un recinto polisémico que lleva a preguntas esenciales: ¿ qué se esconde en las sombras y qué o cuánto es lo que ignoramos? ¿ qué es ese blanco vacío por el que navegan las ansias, es luz o es la simple nada?   Día y noche se suceden entre el cielo y la tierra, las dos dimensiones en las que transcurre la vida humana, y Victoriano Fernández nos aproxima a esos límites, configurando entre ellos la inevitable y repetitiva danza, el drama de nuestro ser que estira tentáculos, se balancea al borde del abismo o gotea lágrimas.

A veces, emborrona páginas con caligrafías intraducibles, suelta aéreos alientos como exclamaciones, tiende un flotante suspiro en el aire... Sabe que todo está en continua transformación, que todo es pasajero y fluyente y que la tarea del arte no es otra que la de dar cauce, con medios mínimos,. a las infinitas posibilidades combinatorias.  Obra abierta la suya, establece, no obstante, un equilibrado diálogo de planos, formas, trazos, manchas  y ritmos para dar a luz composiciones.de gran armonía.