
El inesperado vínculo del cerebro con afecciones tan diversas como la caquexia, la obesidad o la infertilidad se pone de relevancia gracias a dos investigaciones impulsadas por las convocatorias de Investigación en Salud de la Fundación “la Caixa”
Las enfermedades mentales y neuronales no son, las únicas que guardan un vínculo estrecho con el cerebro. Como centro de control de nuestro organismo, este incide también de manera directa en dolencias o desajustes cuya conexión no es evidente.
Un ejemplo es la conexión intestino-cerebro —un campo de estudio en plena efervescencia que se abordó en un debate organizado por la Fundación ”la Caixa”—, pero también algunas investigaciones impulsadas por la entidad que revelan que el cerebro desempeña un papel crucial en afecciones como la caquexia oncológica, la obesidad y la fertilidad humana.
Dos caras de una moneda
Miguel López, catedrático en el CiMUS de Santiago de Compostela, es el investigador que está al frente de dos iniciativas que revelaron los nexos entre el cerebro y dos afecciones ligadas al metabolismo: la obesidad y la caquexia cancerosa. Sus proyectos recibieron financiación en las convocatorias de Investigación en Salud de la Fundación ”la Caixa” de 2019 y 2025 y sus resultados empiezan a traducirse en un impacto para los pacientes.
El uso de exosomas se perfila como una figura clave para el tratamiento de los trastornos del metabolismo
La obesidad y la caquexia son dos procesos radicalmente opuestos. La primera consiste en la acumulación crónica de grasa, y la segunda, en la pérdida severa de peso en los pacientes con cáncer avanzado. Sin embargo, comparten un punto en común: la afectación del hipotálamo, una parte del cerebro. “El hipotálamo es un centro de control de datos del cerebro. Recibe información, la decodifica y lleva a cabo la respuesta homeostática adecuada. Decide sobre todos los procesos básicos para la supervivencia del organismo”, explica López. Esto incluye el metabolismo, la temperatura, la ingesta, la función reproductora y el ciclo de sueño y vigilia.
Su grupo del CiMUS puso el punto de mira esta área del cerebro para descifrar la caquexia, un síndrome degenerativo que causa la muerte a más de un tercio de los pacientes con cáncer.
De forma habitual, la gente achaca sus síntomas a la quimioterapia. El equipo de López ha un paso más allá. “Nuestra hipótesis es que, si bien su principal desencadenante es el tumor, lo que hace que todo el metabolismo se vaya al traste, que colapse, es que afecta al hipotálamo”, confirma.

El tumor secreta factores que afectan al sistema inmunitario, pero también señales circulantes y nerviosas que impactan directamente en el cerebro. “El hipotálamo es como un director de orquesta. Recibe la información que los músicos le van mandando y ejecuta órdenes para que la sinfonía esté bien tocada. Si un músico comete un error o desafina, el director puede corregirlo sin que se note demasiado. Pero si empieza a recibir muchas notas descoordinadas, toda la melodía se viene abajo. El director de orquesta, el hipotálamo, no va a poder controlarlo”, ejemplifica el neuroendocrinólogo. Esto hace que el sistema de adaptación colapse, no pueda adaptarse y afecte al paciente de manera irreversible.
Esta hipótesis, planteada por el equipo y sustentada en los datos experimentales, hace que ya se esté desarrollando un tratamiento para tratar el hipotálamo y corregir la caquexia. La agilidad en el proceso se debe al trabajo previo que López ya realizó al frente de otra investigación en 2019, que vinculaba la obesidad a esta misma área del cerebro.
Nanotecnología
Aquel estudio permitió a su laboratorio del CiMUS caracterizar con enorme precisión vías metabólicas en el hipotálamo que “ya forman parte de los libros de texto”, apunta. Pero, sobre todo, hizo posible el desarrollo de una estrategia farmacológica revolucionaria basada en la nanotecnología y el uso de exosomas. Estas vesículas extracelulares funcionan como “sobres con instrucciones” moleculares lo bastante pequeños como para atravesar barreras biológicas, como la barrera hematoencefálica, que regula el paso de moléculas de la sangre al cerebro. Una vez dentro, se pueden dirigir de manera ultraespecífica hacia las células deseadas para modular la función de proteínas concretas.
A diferencia de tratamientos tan populares como el Ozempic o el Mounjaro, cuya potencia radica en reducir la ingesta de alimentos, la solución desarrollada por el equipo de López ofrece una versatilidad terapéutica muy superior, porque permite regular el metabolismo de manera global. El uso de los exosomas no solo puede contribuir a reducir la ingesta alimentaria del paciente, sino que también puede estimular el gasto energético. Por otro lado, los exosomas también permiten actuar de manera más específica, por lo que podrían usarse para tratar otro tipo de enfermedades.
Este abordaje tan disruptivo ya demostró su eficacia en modelos preclínicos, y la patente, recientemente aprobada en Estados Unidos, dio lugar a la creación de la empresa Gazella Biotech. A través de ella, los investigadores prevén iniciar los primeros ensayos clínicos en humanos en un plazo de dos o tres años y abrir también el camino a Lyrea Biotech, una segunda empresa nacida de este proyecto y orientada a aplicar la misma tecnología para tratar el ictus isquémico. El proceso ha contado con el impulso de la Fundación ”la Caixa”, un apoyo que, como explica López, agradecido, “ha revolucionado la investigación biomédica en España”.
Identifican en el cerebro una pieza clave en la fertilidad
Eva González Suárez en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) de Madrid redefinió lo que sabíamos sobre la reproducción humana. Su grupo, especializado en el cáncer de mama y respaldado por la convocatoria de Investigación en Salud 2023 de la Fundación ”La Caixa”, identificó una pieza clave para la fertilidad en las células inmunitarias del cerebro. Paradójicamente, su investigación no nació con la intención de adentrarse en la neurología. Arrancó como un proyecto para descifrar el papel de la proteína RANK en los tratamientos contra el cáncer de mama. Pero la curiosidad científica y la capacidad del equipo para “pensar fuera de la caja” acabó abriendo una nueva y sorprendente senda de estudio que les llevó a fijarse en el papel que desempeñan esas células inmunitarias.











