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Carballo

Todo listo para iniciar la restauración de la antigua mina del Monte Neme

La Consellería de Industria ya formalizó el contrato valorado en 1,4 millones de euros

Las balsas del Monte Neme se vaciarán con un complejo proceso de depuración que usará tecnología avanzada
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En los próximos días se pondrán en marcha una de las obras más esperadas en la comarca: la restauración de la mina del Monte Neme, entre Carballo y Malpica. Después de cumplir con los plazos administrativos, la Consellería de Industria formalizó a mediados de octubre el contrato con la UTE Monteneme, formada por Intacta Gestión Ambiental, de As Pontes, y la carballesa Voladuras y Transportes Blanco del polígono de Bértoa.

Es una actuación por la que se lleva esperando más de once años, desde aquel febrero de 2014 en la que la rotura de una de las icónicas balsas descargó sobre Aviño (Malpica) y Razo da Costa (Carballo) más de 24.000 metros cúbicos de agua, destruyendo a su paso viales y fincas. Desde entonces ha sido un largo peregrinar administrativo. 

En la última década, además de algunos robos, las balsas volvieron a cobrar protagonismo mediático no por una nueva rotura, sino la decisión de algunos ‘influencers’ de ganar ‘likes’ dándose un chapuzón en las aguas azul turquesas contaminadas con concentraciones elevadas de metales pesados como níquel, cadmio o plomo y otras sustancias contaminantes. Todo este largo tiempo de espera acabará en los próximos cuando se pongan en marcha las obras por las que la Xunta pagará más de 1,4 millones de euros, financiados con fondos europeos.

Tecnología avanzada

Sobre la cima del monte se desplegarán equipamientos de alta tecnología para vaciar las balsas, lo que supondrá un trabajo de seis meses y cerca de la mitad del presupuesto asignado. Los más de 41.000 metros cúbicos del agua se verterán en el rego do Porriño después de haber pasado un largo proceso de tratamiento en varias etapas. En concreto, se instalará un sistema de flotación y bombeo controlado sobre las balsas que evitará la entrada de materiales en suspensión y permitirá captar el agua de los huecos mineros. 

A continuación, el agua contaminada pasará por un complejo sistema de filtración catalítica que utiliza lechos minerales específicos para atrapar y neutralizar los metales pesados. Estas fases iniciales de catalización se complementan con módulos de ultrafiltración y una última barrera mediante ósmosis inversa. Este proceso, habitual en el tratamiento de aguas residuales de alta carga, permitirá reducir las concentraciones de contaminantes hasta niveles compatibles con la legislación ambiental. 

En caso de que alguna parte del caudal tratado supere los límites exigidos, el sistema contará con mecanismos de recirculación que reenviarán el agua al inicio del proceso. Asimismo, se estima que menos del 0,4% del volumen tratado acabará como residuo no reutilizable, que será gestionado a través de un gestor autorizado. 

Para verter el agua en el arroyo, se construirá una conducción por gravedad empleando una tubería de polietileno de alta resistencia, equipada con válvulas automáticas y un sistema de control que garantizará el correcto funcionamiento del vertido. 

Durante las primeras semanas del proceso se llevará a cabo un control exhaustivo de los niveles de pH, presión, turbidez y conductividad, así como análisis semanales de metales pesados, sólidos en suspensión y compuestos orgánicos. El ritmo de trabajo dependerá de las condiciones meteorológicas, pero según las estimaciones el volumen total a tratar durante los seis meses de operación podría alcanzar los 98.000 metros cúbicos, teniendo en cuenta las aportaciones por lluvia y las pérdidas por evaporación.

Una vez que finalice el vaciado de las balsas, arrancará la recuperación del paisaje. Para ello, se sembrarán más de 2.500 plantas por hectárea, combinando un 16% de especies arbóreas con un 84% de arbustivas. Las especies principales serán el carballo y el sauce y arbustos como el brezo, el espino albar, el mirto, el endrino, el laurel portugués, la zarzamora o el rusco. Para sustentar la nueva vegetación se deberá aportar tierra vegetal de otros lugares, de la que actualmente carece la zona por la intensa actividad minera que por años hubo en el entorno. Todo este proceso será documentado en un registro técnico que servirá como guía para futuras restauraciones ambientales similares. 

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