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Carballo

Jesús Rosende se jubila tras casi 38 años dedicado al mundo de la automoción en Grupo Dimolk

Mecánico de vocación, compañero apreciado y apasionado por los coches desde muy joven, cierra una etapa profesional marcada por el compromiso, el esfuerzo y el amor por el oficio

El trabajador que se jubila posando con sus compañaeros y dirigentes del Grupo Dimolk
El trabajador que se jubila posando con sus compañaeros y dirigentes del Grupo Dimolk
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Después de toda una vida entre motores, herramientas y compañeros convertidos en familia, Jesús Rosende cierra una etapa histórica en Grupo Dimolk. 

Casi 38 años después de incorporarse a la empresa, el 18 de septiembre de 1988, dice adiós al taller dejando una huella imborrable entre compañeros, clientes y generaciones de profesionales.

 Jesús empezó muy joven en el oficio, con tan solo 14 años, y siempre tuvo claro que su vida estaría ligada a la mecánica. 

“Lo más importante para cualquier profesión es tener ganas de hacer las cosas y amor por lo que estás haciendo. A mí me encantaban los coches y durante todos estos años vine feliz a trabajar”, explica. 

Su primer día en Dimolk todavía lo recuerda perfectamente: “Me tocó alinear la dirección de un Peugeot 205”. 

Y, curiosamente, uno de sus últimos trabajos antes de jubilarse fue la regulación de gases de un Peugeot 508. 

Una imagen simbólica de una carrera que ha vivido toda la evolución del sector de la automoción.

Una vida entre coches… y soluciones imposibles

A lo largo de estas décadas, Jesús ha vivido cientos de historias dentro del taller, aunque hay algunas que recuerda especialmente.

 Como aquel Peugeot 505 que llegó después de pasar por otros talleres sin que nadie encontrase un extraño ruido. “Después de horas mirando, conseguí localizar unas arandelas sueltas en el puente utilizando un alambre”, recuerda entre risas.  

También guarda en la memoria el complicado cambio de motor de un Mercedes de un cliente de Madrid. 

El nuevo bloque no tenía aire acondicionado y el original sí. “Si fuese un cliente de Baio, podía dejarlo sin aire, pero uno de Madrid…”, cuenta. 

Tras muchas horas de trabajo y buscando soluciones junto a un tornero, consiguió adaptar las piezas necesarias y entregar el vehículo perfectamente reparado. 

Historias que reflejan algo que sus compañeros destacan constantemente de él: su capacidad de trabajo, ingenio y compromiso.

Compañerismo, esfuerzo y aprendizaje constante

Cuando se le pregunta qué es lo que más valora de todos estos años, Jesús lo tiene claro: “La seriedad de los jefes y el compañerismo que existe aquí”. 

Entre los nombres que recuerda con especial cariño están Alberto, anterior jefe de taller, y Luis García, compañero inseparable durante más de 30 años. 

“Todos aprendemos todos los días, los más jóvenes y los mayores”, asegura. 

Y precisamente ese aprendizaje continuo es uno de los consejos que deja a las nuevas generaciones: “Hay que formarse y no pensar solo en lo que vas a ganar”. 

También lanza un mensaje al equipo de Grupo Dimolk en un momento de transformación para el sector: “Nunca nos podemos acobardar. No podemos pensar que los otros son mejores que nosotros ni que venden más coches”.

Su legado continúa en buenas manos

Aunque Jesús se despide del taller, la pasión por la mecánica sigue muy viva en su familia. 

Su hijo, Jacobo Rosende, ha heredado desde pequeño el amor por los coches y el oficio. 

Con apenas 10 años ya desmontaba coches junto a su padre, aprendiendo casi sin darse cuenta lo que años después acabaría convirtiéndose en su profesión. 

Actualmente, Jacobo lleva seis años formando parte del equipo de Nissan Antamotor Carballo, donde muchos clientes ya lo conocen como uno de los mecánicos del taller. 

Un relevo generacional que mantiene intactos valores como el esfuerzo, la dedicación y la pasión por el trabajo bien hecho.

Jesús Rosende y su hijo Jacobo
Jesús Rosende y su hijo Jacobo
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Voy a echar de menos todo”

Jesús reconoce que afrontar esta nueva etapa le genera cierta incertidumbre. “Mi vida fue trabajar. Ahora el lunes me voy a encontrar pensando qué camino cojo”, comenta emocionado. 

Aunque sabe que seguirá disfrutando de su familia y de pequeños momentos con amigos, admite que echará de menos el día a día del taller, las bromas, los cafés y las conversaciones con compañeros como Luis o Primitivo. 

Después de más de tres décadas formando parte de Grupo Dimolk, Jesús Rosende se despide dejando mucho más que una trayectoria profesional ejemplar: deja una forma de entender el trabajo basada en la humildad, el compañerismo y la pasión por hacer las cosas bien.

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