El camino de regreso al verde tras romper el ligamento cruzado
La lesión de LCA ya forma parte del fútbol femenino costero, donde la lista de jugadoras que han pasado por el quirófano no deja de crecer

Ilusión, emoción y nervios son algunos de los sentimientos que se viven el primer día en el que una jugadora vuelve a pisar el césped con las botas puestas tras romperse el cruzado. Cada vez es más larga, por desgracia, la lista de futbolistas de la Costa da Morte que sufren esta lesión y se ven obligadas a dejar aparcada una de sus grandes pasiones durante meses por ello.
La del LCA es una de las lesiones más temidas en el fútbol femenino y también una de las más frecuentes. Estudios realizados en el fútbol profesional señalan que en la liga inglesa femenina se produce una rotura cada 1.188 minutos, una incidencia muy superior -ocho veces– a la del fútbol masculino, donde se registra una cada 8.550. El impacto de esta lesión es tan rápido como inesperado; los expertos han determinado que el ligamento cruzado puede romperse en apenas 56 milisegundos.
Lo que nunca falta son las ganas de volver a jugar. Algunas futbolistas ya llevan más de un año compitiendo tras superar la lesión, otras acaban de regresar y hay quienes aún siguen en la cuenta atrás o acaban de comenzarla. En el último mes han regresado a los terrenos de juego varias jugadoras costeras que tuvieron que pasar cerca de un año recuperándose.
El miedo a no poder
Paula Veiga (Malpica, 2006) es una de las futbolistas más reconocidas de la Costa da Morte. Lleva toda su vida ligada al fútbol de la comarca y, como otras jugadoras de los equipos costeros, también tuvo que pasar por el quirófano tras sufrir una rotura del ligamento cruzado anterior.

Paula, conocida en el fútbol como Pauliña, se lesionó el 16 de febrero de 2025 en un partido ante el Tordoia. Corría el minuto 80 cuando una compañera le envió un balón en largo. La jugadora del Cee controló con la intención de recortar hacia dentro y, en ese gesto, llegó el sonido que ninguna futbolista quiere escuchar: clac. Cayó al suelo y supo al instante que algo no iba bien.
En ese momento se acordó de su compañera de equipo Lucía Caamaño, Luchi, que también había sufrido esa lesión y que apenas dos semanas antes había regresado al equipo tras más de un año alejada de los terrenos de juego. En su caso, la lesión dejó secuelas y tuvo que pasar posteriormente de nuevo por el quirófano al persistir las molestias, convirtiéndose en otro ejemplo de que este tipo de lesiones pueden dejar una huella duradera.
Antes da operación pedinlle a meus pais que se nalgún momento me vían con intencións de baixar os brazos non me deixaran facelo
Para Paula, el proceso estuvo lleno de altibajos, sobre todo a nivel mental, ya que en un primer momento es habitual pensar que la lesión puede ser menos grave de lo que realmente es, más aún cuando el fútbol ocupa un lugar tan importante en tu vida. “Foi un mazazo moi grande, tívenme que concienciar do que a propia lesión ía supoñer, que era separarme do que para min era o meu día a día”.
Tras la operación, la parte más física de la recuperación la afrontó con optimismo al ir viendo avances. “A primeira semana estás na cama, non te podes mover, e en cuestión de días vas notando moitos avances, sobre todo na extensión e flexión”.
Sin embargo, en los últimos meses considera que el proceso le afectó más a nivel mental, ya que, aunque físicamente se encontraba bien, en el terreno de juego la progresión se percibe más lenta. “As veces a miña cabeza fíxome pensar que estaba estancada no proceso”, reconoce, convencida de que la recuperación de una lesión de cruzado es tanto física como mental, o incluso más mental.
Uno de sus mayores miedos era quedarse a mitad de camino. “Antes da operación pedinlle a meus pais que se nalgún momento me vían con intencións de baixar os brazos non me deixaran facelo”. Su familia vivió la lesión con ella, viendo también alterada su rutina semanal, ya que el fútbol es una afición compartida. “Ver sufrir a miña xente foi algo moi duro e que me marcou completamente”, confiesa.
Ver sufrir a miña xente foi algo moi duro e que me marcou completamente
El regreso se produjo el 27 de diciembre, en un partido ante la Esteirana, en San Paio de Refoxos. Días antes, el entrenador Rafa Suárez le preguntó si se veía preparada para volver, una decisión que le generó sentimientos encontrados. “Tiña ganas de volver, pero tamén moito respecto por pasar outra vez por todo o que acababa de vivir”.
El día del partido, sin embargo, tuvo claro que quería estar en el campo. “Cando entrei tiña unha sensación extraña, estaba entre feliz, rara, non era capaz de crelo”.
En su segunda jornada tras el regreso, frente al Cultural Maniños, Pauliña ya anotó dos goles. Actualmente suma cuatro, aunque lo que más echaba de menos no era tanto marcar, sino volver a sentirse parte del equipo.
Con el paso de los partidos, los goles fueron llegando y el miedo fue disminuyendo. “Cada partido que pasaba estaba máis segura, máis tranquila, con máis confianza, e penso que iso é o máis importante”.
Cando entrei tiña unha sensación extraña, estaba entre feliz, rara, non era capaz de crelo
La futbolista malpicana reconoce que una lesión de ligamento cruzado es algo que solo se comprende de verdad cuando se vive en primera persona. “Cando o vives daste conta de que non entendías todo iso que crías entender”.
También le sirvió para valorar a la gente que estuvo a su lado durante todo el proceso, tanto su familia como el entorno del club, al que también pasó a considerar familia.
Durante estos meses también estuvo entrenando a la categoría infantil femenina del Cerqueda, equipo en el que se formó como jugadora. “Fíxome que a rodilla pasara a un segundo plano e centrarme en ensinarlles e transmitirlles o que significa o fútbol para min. Tamén foron fundamentais neste proceso”.
El Cee es uno de los clubes más afectados por este tipo de lesiones en la zona. Actualmente aún cuenta con dos bajas recientes, las de Nerea Suárez y Naiara Vázquez, que atraviesan este mismo proceso.
“Creo que tivemos moitas lesións en pouco tempo. Son lesións que custa asimilar, pero o equipo vaise adaptando. Todas traballamos día a día para dar a nosa mellor versión e saír desta etapa tan dura”, concluye Pauliña.
Dos años sin jugar
Otra de las jugadoras que también se construyó un nombre en el fútbol costero es Lucía Fernández (Arán, Santa Comba, 1997) más conocida como Luchy.
Luchy se lesionó el 10 de diciembre de 2023, en el campo de Fontenla, durante un partido ante la UD Santiso. Más de dos años después, el 11 de enero de 2026, regresó a los terrenos de juego en el encuentro frente al Puenteceso. Sigue vinculada al Xallas, aunque actualmente compite con el segundo equipo.

La jugadora recuerda el día de la lesión como un partido con muchos rechaces de la portera rival, lo que la llevó a presionar en la salida de balón. “Nun balón aéreo saltei a rematar de cabeza e, no momento da caída, a rodilla esquerda non respondeu. Quedei tumbada ao lado da porteira, incapaz de levantarme”, relata.
Un jugador del equipo masculino, que presenciaba el encuentro desde fuera, entró al campo para advertirle de que no se moviera, al reconocer el sonido característico de la lesión. “Cando quixen apoiar xa notei que algo ía mal e non era capaz de facelo”, añade.
Quería ver resultados rápidos e iso fixo que me agobiara, pero co paso dos días fun entendendo que non era o mellor
La intervención quirúrgica fue un éxito, pero la recuperación estuvo marcada por la lucha mental. Luchy reconoce que su autoexigencia jugó en su contra. “Quería ver resultados rápidos e iso fixo que me agobiara, pero co paso dos días fun entendendo que non era o mellor”.
Le costó asumir que la pierna necesitaba tiempo y que ya no podía realizar los mismos movimientos que antes. Tras 763 días, volvió a competir.
No fue un día ideal en cuanto al clima del partido, pero tuvo un significado especial: el regreso de una capitana. “Debo admitir que estaba moi nerviosa, pero co paso dos minutos fun capaz de controlar os nervios e facer as cousas o mellor posible. As sensacións foron moi gratificantes”, explica.
El largo retraso en su regreso estuvo ligado, sobre todo, a la falta de preparación mental. El miedo sigue presente, aunque ahora se ha convertido en una cuestión de conciencia y control de los movimientos.
Botaba de menos competir sobre todo por animar e dar motivación ás rapazas
Antigua portadora del brazalete del primer equipo del Xallas, que milita en Primera Galicia, considera que todavía no tiene el nivel necesario para volver a ese conjunto, pero sí las ganas suficientes para compartir vestuario con algunas de sus antiguas compañeras y volver a disfrutar del fútbol.
El gol tampoco tardó en llegar para ella. En su primera jornada, un balón al palo impidió un redebut goleador, pero en el segundo encuentro, frente al Sporting Zas, anotó su primer tanto en esta nueva etapa, ahora ya lleva dos goles .
“Botaba de menos competir, non só por axudar o equipo, senón tamén por animar e dar motivación ás rapazas, sendo un pouco a voz da experiencia”, señala.
La paciencia es el mayor aprendizaje que extrae de este proceso, junto con la importancia de respetar los tiempos y valorar el apoyo de las personas que la acompañaron durante la recuperación.
Además, durante este período entrenó a las categorías base del Xallas, una experiencia que, según reconoce, le ayudó “a estar a día de hoxe tan mentalizada para volver ao terreo de xogo”.
Volver a empezar
Menos años llevaba en el fútbol Irene Alcaina (Muxía, 1998), jugadora del Muxía, que comenzó a jugar cuando se creó el equipo en 2023.
Se lesionó el 12 de enero de 2025 en el campo muxián, en A Arliña. En ese primer momento sí sintió dolor, pero no resultó nada traumático para ella. “Eu mentalmente estaba concienciada que como moito era un esguince; si que a dor foi aumentando, pero estaba moi tranquila”.

Al igual que otras jugadoras, Irene puso todo su esfuerzo y, sobre todo, su paciencia en recuperarse de la mejor manera posible.
El Muxía tuvo su mejor año en 2025, justo en el que Irene se lesionó: las muxianas llegaron a la final de la Copa, de la que fueron subcampeonas, y también consiguieron el ascenso tras acabar segundas de grupo en la Tercera Galicia. Eso fue lo más difícil para la futbolista. “Ter que ver eso desde a grada a verdade é que, a tope coas compañeiras e sigues formando parte do grupo, pero foi fastidiado. Aínda que o celebrei con elas non é o mesmo que estar no campo”.
Considera que su experiencia no fue tan dura, lo llevó bastante bien comparado con otras compañeras como, por ejemplo, Barca Toba, quien estuvo lesionada también en 2024. “Comparándome con outras compañeiras non tiven esa angustia de ter que deixalo tantos meses porque levaban toda a vida xogando”.
Tener personas cerca que ya habían pasado por esta lesión también le ayudó en el proceso, porque tenía con quién compartir sensaciones y calmar miedos.
Ter que ver eso desde a grada a verdade é que foi fastidiado. Aínda que o celebrei con elas non é o mesmo que estar no campo
Regresó prácticamente un año después, el 11 de enero de 2026, contra el Eirís. “As miñas compañeiras fixéronmo todo máis fácil, animándome e vivín a volta como si levara moitos anos practicando este deporte”.
Lo que más valora tras este año de lesión es saber apreciar cuando se está bien, ya que ella nunca había tenido un problema físico parecido. “Valoras cando se está ben e non estar pendente, no meu caso da rodilla, de cando empezas a correr só correr certo tramo por si me molesta, ou apoio mal”, y también la importancia de la continuidad en la recuperación y del equipo.
Además, aprendió, a pesar de su poca experiencia en el deporte, recalca Alcaina, lo que significa formar parte de un equipo como el Muxía, que le ayudó a encontrar fuerzas de voluntad para dedicarle tanto tiempo y esfuerzo a volver. “E agora que volvín coas pilas a tope e con moitas ganas”.
As miñas compañeiras fixéronmo todo máis fácil, animándome e vivín a volta como si levara moitos anos practicando este deporte
Regreso esperado
Naroa Parga (Malpica, 2003) cerró 2025 como una de las máximas goleadoras del curso, con 41 tantos, pese a pasar la mayor parte del año alejada de los terrenos de juego.
Tuvo que parar el 1 de mayo tras lesionarse en los cuartos de final de la Copa da Costa ante el Cee. Desde entonces, le tocó vivir desde fuera el ascenso de su equipo, del que había sido una pieza clave durante la temporada.

La futbolista fue operada el 24 de julio y, seis meses después, continúa centrada en su recuperación. En la última revisión médica ya recibió el visto bueno para comenzar a introducir cambios de sentido en las carreras y aumentar las cargas de trabajo.
Esta semana ya comenzó a ejercitarse sobre el césped como parte de la transición. “Este mes aínda non entreno co equipo, a partir do mes ou mes e medio xa me empezarei a meter nalgún exercicio, obviamente con limitacións”, explica Naroa, que cada día ve más cerca su regreso a los terrenos de juego.
A partir do mes ou mes e medio xa me empezarei a meter nalgún exercicio co equipo
Cada regreso al campo tras una lesión de ligamento cruzado es mucho más que volver a jugar: es recuperar la confianza, el ritmo y la ilusión. Paula, Luchy, Irene y Naroa, como muchas otras, son la prueba de que el esfuerzo, la paciencia y el apoyo del entorno permiten superar los peores momentos.
Su vuelta no solo devuelve talento a los clubes de la Costa da Morte, sino que también ayuda a otras futbolistas a sentirse menos solas en el proceso.







