Emotivo homenaje de la comunidad educativa de Paiosaco a la profesora Agripina Alfeirán
La docente, que se jubila este curso, lleva 20 años en el colegio de la localidad de la feria, 18 de ellos como directora

Tan emotivo como merecido, así califica la plantilla de profesionales del CEIP Alfredo Brañas de Paiosaco el homenaje que le tributaron el pasado viernes a su compañera Agripina Alfeirán con motivo de su inminente jubilación.
La docente coruñesa llegó hace 20 años al colegio de la localidad de la feria, en donde dos años más tarde pasó a ejercer de directora, cargo que sigue desempeñando.
En todo este tiempo se ha ganado el respeto, la admiración y el reconocimiento de la comunidad educativa, como quedó demostrado en el concurrido homenaje de esta semana.
Según reconocen las compañeras de colegio que se encargaron de organizarlo, uno de las mayores dificultades a las que se enfrentaron fue la de mantenerlo en secreto ya que en su preparación participaron profesores, pero también miembros del colectivo de padres y madres, alumnos y exalumnos, además de contar con la complicidad de la propia familia de la homenajeada y de representantes del Concello de A Laracha.
El propio alcalde, José Manuel López Varela, la citaría a una reunión a última hora de la tarde del viernes en la que la docente se llevaría una de las sorpresas de su vida al encontrarse con una gran fiesta tan inesperada como preparada al mínimo detalle.
El regidor fue el encargado de abrir un acto protocolario, que continuó con las intervenciones de cinco exalumnos que tenían 3 años cuando Agripina llegó al colegio.
También habló una madre que la tuvo como maestra y luego llegó uno de los momentos más emotivos al subir al estrado los hijos de la homenajeada.
Cerró el acto la secretaria del centro, Sonia Reigía.
Todos estuvieron de acuerdo en asegurar que la docente deja una huella imborrable en el colegio porque se hacía querer por todos.
Entre las muchas virtudes que atesora, citaron la pasión y la implicación que siempre puso en el desempeño de su trabajo, su sentido del compañerismo y su disposición a darlo todo por los demás.
En señal de agradecimiento, los ‘conserxes eméritos’ del colegio le hicieron entrega de un cuadro en el que aparecía dibujado la ‘trasna” de la biblioteca del centro, de nombre ‘Chiruca’, creación de la propia Agripina; otro cuadro con un corazón enorme en el que aparecen las huellas de los más pequeños del colegio (obsequio del Anpa); un reloj; y muchas flores.










