Mi cuenta

Las notificaciones están bloqueadas. ¿Cómo desbloquear?

Mi cuenta

Las notificaciones están bloqueadas. ¿Cómo desbloquear?

Ni Valle Inclán habría escrito un esperpento superior a la realidad que hemos podido ver en el ¿juicio? al fiscal general de estado. El acusado se sentó en la bancada de los fiscales con su toga. Los fiscales que debieran interrogarle primero le aplauden y después no le preguntan, cuestión comprensible porque no dejaban de ser sus subordinados. Destruye sus chats y borra sus correos, todo lo contrario de lo que un inocente haría. Después la manipulación mediática de los palmeros de Sánchez empezando por TVE que en las escaletas de sus programas daban paso a la información del juicio como “juicio a Miguel Ángel Rodríguez y el novio de Ayuso” omitiendo la realidad de que el que era juzgado era García Ortiz, el fiscal general. Tampoco faltaron testigos periodistas, todos zurdos y amigos del gobierno. Todos dijeron tener la información mucho antes de que el fiscal la pidiera a un subordinado, pero, ¡sorpresa!, ninguno la publicó y tampoco pudieron aportar mails que justificara la fecha de la recepción del documento en cuestión. Es extraño porque con el odio que le profesan a Díaz Ayuso, cualquiera de ellos se hubiera apuntado la exclusiva, pero no lo hicieron.

Alguno se permitió el lujo de intentar cargar la conciencia de los magistrados del Supremo diciendo, con chulería inaceptable, que tenían problemas de conciencia porque ellos sabían quién había filtrado y que no era el fiscal general. Y en esto tengo que decir que estoy convencido de que el fiscal no filtró a los medios los datos secretos de la pareja de Ayuso, no le hacía falta, era suficiente con pasárselo a Sánchez Acera a Moncloa para que ella hiciera el trabajo como hizo con Juan Lobato quien se negó a utilizarlo si no se le certificaba el origen o lo publicaba antes algún medio. ¡Otra sorpresa! A los diez minutos de esa conversación la empleada de Moncloa le comunicaba a Lobato que lo acababa de publicar un medio “sanchista”. Lobato se dirigió a un notario porque no le creyó y quiso cubrirse las espaldas. Finalmente, la fiscalía dice que tenían acceso a esa información unas seiscientas personas, ¡menuda seguridad en la custodia de datos secretos!

Vamos que hasta el portero del edificio podía ver y coger los datos de cualquier contribuyente. Pero no contentos con todo esto, el presidente del gobierno da una entrevista a un periódico del régimen “sanchista” y decide absolver de toda culpa al fiscal sin esperar la sentencia del Tribunal Supremo. Ahora los magistrados tienen una papeleta porque cuentan con un montón de indicios que señalan al fiscal no ya por filtrar a los medios el documento, sino por revelación de secretos, cosa que sí hizo en una nota de prensa que él mismo redactó y en donde se revelaban datos del contribuyente.

Una condena al fiscal general sería una derrota del gobierno porque la independencia de la fiscalía ya nadie la defiende. En esta España tensionada y polarizada por Sánchez y Zapatero como estrategia electoral, nada se puede hacer con normalidad. Lo de los periodistas sumisos con el fiscal es de vergüenza ajena: esa defensa de un fiscal desde sus medios equivale a la grada de animación de cualquier campo de futbol, un fiscal tiene su “peña” de animación y trabajan sin respeto alguno ni por el tribunal ni por la verdad. Poco margen les queda a los magistrados tras el pronunciamiento de Sánchez, con todo, yo confío en ese tribunal sentencie lo que sentencie.