Leer en tiempos hostiles
En este tiempo, cuando la información fluye de manera instantánea y constante y las pantallas reclaman nuestra atención inmediata, detenerse a leer parece, para muchos, una antigualla. Sin embargo, la lectura resulta hoy más necesaria que nunca. No se trata solo de una actividad cultural o de ocio: leer es una forma de ordenar el pensamiento, de comprender el mundo y de desarrollar una mirada crítica frente a la avalancha de estímulos que nos rodea ante tantas informaciones falsas o manipuladas.
Los datos muestran una realidad ambivalente. Por un lado, crecen las infraestructuras, como demuestra la expansión de las bibliotecas públicas en Galicia que han aumentado en los últimos años y están presentes en más de doscientos municipios. Por otro, el hábito lector no avanza al mismo ritmo. Tener acceso a los libros no garantiza que estos sean leídos, la lectura exige tiempo, atención y un esfuerzo que hoy se dedica a otros menesteres.
Dicho esto, los enemigos de la lectura no son los dispositivos tecnológicos, sino la prisa y la lógica del consumo instantáneo. Eso es lo que ofrecen las pantallas: gratificación inmediata y contenidos breves que resultan más atractivos que la lectura pausada. El lector tiene como enemigos notificaciones, vídeos y redes sociales diseñadas para captar su atención de forma permanente.
La tecnología desplaza hábitos que implican atención, quietud y reflexión, como la lectura, que aporta mucho más. El poeta brasileño Olavo Bilac lo expresó con lucidez: “Os livros não matam a fome, não suprimem a miséria, não acabam com as desigualdades e com as injustiças do mundo, mais consolam as almas e fazem-nos sonhar”. En este sentido –se ha dicho muchas veces– uno de los aprendizajes más valiosos del ser humano fue haber aprendido a leer.
La pérdida del hábito lector es, por ello, una desgracia social. Los libros, que conservan lo mejor que fue pensado, nos hacen más cultos, más libres y más tolerantes. Nos ponen en contacto con otros mundos y nos enseñan a mirar la realidad con mayor amplitud. En esta línea recuerda George R. Martin que “un lector vive mil vidas antes de morir; el que no lee solo vive una”. Quien lee desarrolla pensamiento crítico y será siempre menos manipulable.
Por eso son encomiables las iniciativas que buscan devolverle a la lectura su lugar central. En los años setenta, el lema “un libro ayuda a triunfar” llenó de volúmenes muchos hogares españoles. Hoy, el Gobierno gallego ha implantado un tiempo diario de lectura en los centros escolares, un gesto que reconoce que leer importa, que transforma.
En el Día del Libro hay que recordar que leer no es solo un pasatiempo, es una herramienta de libertad. En un mundo que corre, abrir un libro sigue siendo una de las formas más valiosas de detenerse y pensar para, en definitiva, ser más humanos, más cultos y más libres.
En cada libro hay una oportunidad de ampliar la mirada, de comprender mejor a los otros y a uno mismo.
