Mi cuenta

Las notificaciones están bloqueadas. ¿Cómo desbloquear?

Mi cuenta

Las notificaciones están bloqueadas. ¿Cómo desbloquear?

A Europa, la nuestra, no al satélite de Júpiter, se le acaba el tiempo de bonanza redentora y benefactora del equilibrio en la justeza del mundo. Hasta ahora, por ser élite, merced a la herencia de las grandes culturas habidas, le había sido concedido oficiar de árbitro en los grandes conflictos políticos y sociales de estos últimos siglos, con la aprobación y aquiescencia de víctimas y verdugos. En la medida en que a unos les permitía, sometida, es o sí a la más ácida crítica, hacer lo que quisieran y donde quisieran, sin otro desdén que el referido, admitir ser criticados todos sus actos con severidad y grave escándalo en los foros internacionales. Severidad que agradaba a las siempre agradecidas víctimas que veían en esa implacable censura un consuelo a sus muchas cuitas y llenaban, de algún modo, de sentido ético sus pretensiones.

Las víctimas han sido desde siempre el plato preferido de la vieja Europa por estar ubicadas en lejanos espacios de soledad y pobreza, nacidas, muchas de ellas, de sus propias manos y manejos y dignas, por tanto, de conmiseración. Y en paralelo ha sabido degustar sin asco al tirano, ofreciéndole asilo y despensa donde disfrutar de lo robado.

Censurar y abrazar, sin tocar, para nada que no fuese su paz y sosiego, como en cualquier banquete, pero esos tiempos han tocado a su fin y ahora toca tocar sin otro prestigio que el de estar o no estar con aquellos que mancillan su sabio equidistar.