Inmigración y emigración
La dinámica poblacional gallega revela un intercambio desigual entre lo que Galicia es capaz de atraer de la inmigración y lo que no consigue retener porque, a pesar de los avances, la comunidad sigue “exportando” jóvenes en edad de producir y procrear, un fenómeno que condiciona su futuro demográfico y económico.
Según el Instituto Galego de Estadística (IGE), Galicia encadena aumentos sostenidos de población desde 2016 hasta 2024, con un saldo positivo de 30.325 personas, crecimiento que se explica por la llegada de población extranjera que es ligeramente más joven que los gallegos que se marchan.
La llegada de población joven es positiva en un contexto de envejecimiento acelerado. Estas personas están en primera línea de trabajo y sostienen servicios que no desempeñamos los gallegos. Revitalizan barrios cuando logran acceder a una vivienda y aportan diversidad cultural que enriquece nuestra cultura.
Pero por su perfil formativo, su inserción laboral suele concentrarse en empleos de baja cualificación, con salarios modestos y escasas posibilidades de promoción. Galicia, por tanto, no está atrayendo talento, sino cubriendo vacíos estructurales de su mercado laboral. Aún así, este rejuvenecimiento es muy valioso para Galicia aunque la mayoría no provenga de sectores económicos altamente cualificados.
En paralelo, la emigración gallega continúa marcada por la salida de jóvenes con estudios superiores que no encuentran aquí oportunidades acordes a su formación, ni expectativas salariales competitivas. La marcha de personas bien formadas supone una pérdida difícil de compensar porque Galicia invierte recursos significativos en su educación y el retorno de esa inversión se materializa en otras comunidades o países que sí les ofrecen estabilidad, mejores salarios y proyectos profesionales de largo recorrido.
El hecho cierto es que la falta de empleos cualificados y salarios dignos empuja a muchos jóvenes a la emigración, y esa pérdida de capital humano limita la capacidad de innovar y modernizar el tejido productivo, que continúa generando puestos de baja cualificación para ellos.
La reflexión de fondo es clara: Galicia rejuvenece y es verdad que la inmigración aporta savia nueva, pero no compensa la pérdida de tanto talento joven gallego y ese desequilibrio condiciona el futuro económico y social del país.
La emigración cualificada no es la causa del problema, sino el síntoma de un modelo económico que aún no ha encontrado la manera de retener el talento joven que deberán liderar el mañana de la comunidad. La juventud concentra las posibilidades biológicas e intelectuales de la sociedad y en su seno están los futuros gobernantes, los profesionales y emprendedores del mañana. El desafío es convertir Galicia en un lugar donde no solo se nazca, sino también donde valga la pena quedarse.
