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Están poniendo en Apple TV una serie que tengo que recomendar vivamente. Se llama “Widow´s Bay” y es una mezcla entre terror, humor negro, con unas actuaciones excelentes entre la que destaca la de Matthew Rhys en el papel del ingenuo y abnegado alcalde de la isla maldita.

La trama discurre en una isla en Nueva Inglaterra. Nueva Inglaterra, ese lugar en el que surge y se consolida el gótico americano de Edgar Allan Poe, Lovecraft, Hawthorne, Brockden Brown, Stephen King. En fin, los libros que publica la mítica editorial Valdemar en esas ediciones tan bellas como terrible su contenido. Pero volvamos a “La maldición de Widow´s Bay”, que así se titula en español. La isla de Nueva Inglaterra protagonista de la trama por supuesto está maldita. Ultramaldita. Megamaldita. No falta de nada, desde niebla espesa digna del verano coruñés, sirenas que persiguen marinos hasta tierra para ahogarlos, el payaso asesino, el espejo en el que aparece una mujer enloquecida, el motel para turistas que está embrujado de arriba abajo. Todo tiene cabida en la Isla de la Viuda. Es como una paella bien hecha, no sobra nada, no falta nada, al punto y socarrat. Se las arreglan los guionistas y los actores para bordar esa mezcla de terror cósmico, de humor corrosivo y de humanidad vulnerable. Tenemos las canciones tradicionales marineras, los retratos dieciochescos, los cuadros de naufragios, la taberna, los turistas que poco a poco van llegando, las leyendas de asesinos en serie que acechan a adolescentes, el Babadok, los lugareños variopintos y socarrones que quedarían bien en cualquier pueblo marinero del norte de España…y luego el terror.

Hacía tiempo que no veía algo que me diese miedo. Miedo de verdad, de ese que si eres niño te hace ver la película o leer el libro con la cara tapada y los dedos semiabiertos, no puedes dejar de mirar pero el susto ya lo tienes metido dentro. Con esperanza, hace tiempo que fui a ver Midssomar y Hereditary, que me habían chivado que era eso que ahora llaman “terror elevado”. Craso error. Ambas películas me produjeron más risa que otra cosa. Esa risa que produce la vergüenza ajena, quizá, no sé, como el gallo de un tenor en pleno Rigoletto. Pero carcajadas de las que dejan agujetas. Lo que me tenía que perturbar me parecía divertido, igual es cosa mía pero conozco más personas a las que les ocurre lo mismo. Buenas películas pero a la par, tomaduras de pelo de proporciones siderales. Sin embargo, “El misterio de la Isla de la Viuda” tiene escenas que producen lo que tienen que producir, ese miedo visceral que te hace taparte el rostro pero a la vez seguir mirando, que te hace pegar un grito del susto morrocotudo. Escenas que se te quedan en la retina, como la de la vieja sirena con sus uñas-garras (no voy a hacer espóiler, no se preocupen), el payaso asesino o una que podía haber filmado el propio David Lynch, una promoción que sale en la vieja tele del motel en la que un hombre camina por la playa hablando de las delicias de la isla… y hasta ahí puedo leer. Hasta ahora hay cuatro episodios y cada uno es más oscuro y abismal que los anteriores. No sé cómo van a terminar pero intuyo que nos vamos a morir de miedo.

Y mientras pienso lo fácil que sería hacer algo así en Costa da Morte, por ejemplo. Tenemos todo lo necesario. Leyendas, mar, niebla, naufragios, guionistas, escritores, actores, figurantes. Menos narco y más terror gallego, hay que decirlo más.