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Desde que el cercedense Miguel Loureiro cantó y bailó el “Cavalinho vai vai” el domingo pasado en la Zona Fan de Riazor, La Coruña no descansa, no duerme, solo celebra. Después de los oscuros años del castigo, hemos vuelto. El Dépor siempre vuelve, amigo lector, y ojo, que a veces vuelve de más y empieza a asustar al miedo. Los balcones y ventanas se engalanan de azul y blanco, banderas, bufandas, camisetas, todo es blanquiazul en una Coruña tormentosa, soleada y feliz.

Ojo a la fiesta que nos la quitan de los fuciños, decíamos muchos, aunque en el fondo todos sabíamos que esta vez sí, esta vez no había fallo, a pesar de todo y de todos. ¿Ascenso por decreto? Pues como si es en el tiempo de descuento con un gol con la mano. No nos vamos a poner ahora repunantes. Lo importante ha sucedido, estamos en Primera División para regocijo de muchos y rechinar de dientes de otros. Y ahora a mantenerse.

Hoy domingo es la celebración. Vallas, vallas y más vallas. Odio eterno a lo que han convertido el fútbol en la actualidad. El deporte del pueblo, el deporte de las masas, de los críos ilusionados transformado en algo alejado de la muchedumbre. El otro día comenzaron a hacer controles de alcoholemia en la entrada del estadio. Inaudito. Mientras las zonas VIP permiten el consumo de alcohol sin límites, un aficionado que no pague una pasta no puede entrar en Riazor después de tomarse una caña. El absurdo. El absurdo ya que en la Zona Fan se vende Estrella Galicia (y no barata precisamente). El asunto es tratar al pueblo como populacho, como pagador de impuestos y como ente peligroso. Todo lo que produce felicidad ha de ser reprimido, mesurado, que el ciudadano se dé cuenta de que molesta si no está trabajando y en el transporte público, cuanto más petado, mejor. En fin, así estamos y así se lo cuento, amigo lector. Hoy volverán los aficionados a celebrar (esto es un non stop de celebreishon) y volverán a pagar los tres euracos más el vaso de cortesía –un euro– para que luego les hagan el “sople aquí” tras pasar el torno. A veces una llega a pensar que hay una mano negra que apunta al Deportivo, pero no seamos agoreros, que esta vez la fiesta no nos la pueden quitar de los fuciños a pesar de todo. En los buenos tiempos se saltaba al campo mientras los jugadores cortaban la red de la portería y no pasaba nada, ahora es todo un mírame y no me toques de carallo que llega a hartar al más paciente. Cuatro Caminos lleno de vallas: señores, cuando ganamos la Liga aquello fue una fiesta, no un funeral.

Y mientras Coruña celebra y se llena de canarios, esa gente maravillosa, nos toca adaptar la mentalidad a Primera División o cómo se llame ahora, que todo tiene nombres nuevos no sea que no nos adaptemos a los tiempos modernos. De cierta forma vamos a echar de menos la emoción de la Liga desquiciante y loca Hypermotion pero, amigo lector, qué bien se está en Primera, escuchando a todos rabiar y rechinar los dientes, eso no nos lo quita nadie, “Cavalinho vai vai”, no nos falles, Miguel Loureiro. Está noche toca bailar de nuevo.