Cambalache nacional
Hasta el título del tango que en 1934 escribió Enrique Santos nos viene al pelo en su acepción de “lugar de desorden, situación donde el desorden lo ocupa todo” y así está la España en la que habitamos. Normalmente escribo mis columnas después de pensar el tema y documentarme y eso hacía mientras preparaba el ordenador para ponerme a la tarea y no faltar a mi cita con ustedes de todos los sábados. Me acompaña una radio y escucho una canción interpretada por el gran Julio Iglesias, marca España de la buena, se trata del tango al que he hecho referencia y de cuya letra reproduciré aquí algunas estrofas. La música se la pueden poner ustedes o reproducirla en cualquier aplicación, pero les ruego que se fijen en la letra porque, hace casi cien años, Enrique Santos vio y describió la España de 2026 con una precisión grimosa.
Dice así: /que el mundo fue y será una porquería ya lo sé…/en el quinientos seis y en el dos mil también/ que siempre ha habido chorros, “maquiavelos” y estafaos / contentos y amargaos, varones y dublé. / Pero que el siglo veinte es un despliegue de maldad / ya no hay quien lo niegue / vivimos revolcaos en un merengue y en el mismo lodo todos manoseaos / hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor¡/ ignorante, sabio, chorro, generoso estafador / todo es igual, nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor / no hay aplazaos ni escalafón, los inmorales nos han igualao / si uno vive en la impostura y otro roba en su ambición da lo mismo que sea cura, colchonero, rey de bastos, caradura o polizón. /que falta de respeto, que atropello a la razón/ cualquiera es un señor, cualquiera es un ladrón…. / siglo veinte cambalache problemático y febril / el que no llora no mama y el que no afana es un gil / dale no más, dale que va/ que allá en el horno nos vamos a encontrar / no pienses más, séntate a un lao que a nadie importa si naciste honrao / es lo mismo el que labora noche y día como un buey que el que vive de los otros que el que mata, que el que cura, o está fuera de la ley.
He denunciado muchas veces que la inexistencia de valores compartidos y socialmente aceptados y protegidos hacen de nuestra forma de vida una suerte de ruleta aleatoria en la que la fortuna premia a los más “pillos”, a los trepas y a los inmorales mientras castiga al mérito y al esfuerzo. Una sociedad en la que el “éxito” es hacerse rico a costa de lo que sea y sin límites éticos abre las puertas a la ley de la selva. Esto es grave de por sí, pero cuando estas actitudes son la práctica normal entre los mandatarios gubernamentales, la cosa toma un cariz de situación mucho más que muy preocupante porque en ese espejo de la corrupción sin reacción, se miran nuestras jóvenes generaciones que ven y palpan que es más rentable la traición y el latrocinio que la formación y el prestigio. En otras palabras, que liarse con un torero y salir en la televisión te arregla la vida mejor que una formación universitaria. Sí, señoras y señores, los inmorales no nos han igualado, ¡nos han superado!
Con estos mimbres es imposible crear una democracia sana, viene viciada de base y la polarización promovida desde el poder que solo busca enfrentar a unos con otros nos devuelve a situaciones que ya se vivieron en nuestro país y que acabaron fatal, la pedagogía ha muerto y con ella toda esperanza de mantener una convivencia democrática y de respeto, con valores y principios. Nada más lejos d la realidad que hoy vivimos. Hoy resulta que es mejor ser un ladrón que un señor.
