Me gusta La Coruña, me gustas tú
¿A quién se le ocurrió que España juegue a las dos de la madrugada? Un viernes. ¡Un viernes! Bueno, técnicamente un sábado, todo sea dicho. Y con este calor. Se están perdiendo las buenas costumbres. Yo ya voy mayor y a esa hora aún no me ha dado el ataque de insomnio, así que lo más probable es que me despierte justo cuando termine el partido contra Uruguay. Se va a intentar verlo, que aunque este mundial tan raro no me produzca demasiado interés, a España hay que animarla, sobre todo por ese pelazo que me tiene Cucurella, el Velázquez del fútbol. Tengo amigos enfadados porque ha fichado por el Real Madrid, pero, ¡ah!, la vida. Siempre te sorprende. Yo lo quería jugando en el Deportivo, pero por ahora no va a poder ser.
Esto de los deportes de madrugada (historias de abuela cebolleta) me recuerdan a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, en los que mis amigas y yo nos quedábamos despiertas en Calle Pondal para ver los partidos de la selección española de baloncesto, aquella de Epi, Corbalán, Sibilio, nuestro Fernando Romay y Antonio Díaz Miguel. Equipo glorioso que le plantó cara a la todopoderosa USA durante una buena parte del tiempo. Eran tiempos de baloncesto a la europea, no como ahora, que se ha perdido la esencia y ya todo es mascota peluda, espectáculo ruidoso, escena del beso, enfoque de famoso y sigue ganando la todopoderosa USA.
Perder la esencia es parte de este nuevo mundo que nos está tocando vivir. El Deportivo de La Coruña ya se ha terminado de Santiagodecompostelizar, como siempre quiso el ínclito Fraga, doblegar a la ciudad que odiaba. Primero quitarle la capitalidad, luego quitarle el nombre y cambiarlo por una castrapada inventada de la nada por unos señores de Santiago. Y cuando cambias el nombre, cambias no solo la esencia, cambias la personalidad, haces que vague en un limbo absurdo, perdida y así más vulnerable. Lo peor es que muchos coruñeses son los propios endófobos que están de acuerdo con cualquier idea que consiga cambiar nuestra tradición y nuestra historia con la disculpa del wokismo. Los que antes decían LaKoru ahora son más galeguistas que Castelao en medio de un arrebato de patriotismo de taberna porteña.
Ahora también hay una corriente que quiere obviar que Coruña tiene una bandera propia que parece molestar y no se enseña, como ciudad de realengo que somos. Todo molesta de Coruña, la “L”, la bandera, que las vacas rubias gallegas tengan origen coruñés, que suba el Depor, los títulos que adornan las vitrinas, Abanca, La Estrella, el aeropuerto, Zara, la nueva bandera propuesta con el aspa (no Iago), que era la antigua de la Autoridad Portuaria, por mucho que neoxoses y neoxoanes de pañuelo palestino pataleen y protesten. Solo por molestar no me parece mal lo de la nueva bandera, que ya están echando espumarrajos por la boca todos los de siempre.
Por mucho que intenten disfrazar a La Coruña de wokismo, aquí somos la tierra del Perchas, de Juana de Vega, de Inés de Ben y de María Pita. Tan pronto somos pijos estetas que héroes románticos, mujeres guerreras o fodechinchos en nuestra propia tierra. Cabalgamos contradicciones, por eso Hércules fue uno de nuestros primeros turistas. Nadie cabalgaba tantas contradicciones como él. En fin, amigo lector, que gane Españaestenuestropaís, que así tendremos más movidas que contar.
