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Haz lo que yo diga, no lo que yo haga. Con este refrán, atribuido a Séneca, se define la hipocresía y la falta de coherencia y señala a quienes regalan consejos a otros, pero a ellos mismos no se los aplican. Como anillo al dedo me viene este pensamiento del filósofo clásico para retratar a la izquierda española y, en particular, a muchos de sus líderes más destacados. Algunos se acaban de enterar de que la hija del presidente Sánchez cursa sus estudios y se graduó en un centro privado de Inglaterra con todo el boato que los anglosajones aplican a este tipo de actos. Por curso, el coste supera los 50.000 euros y son centros reservados a las clases más elitistas y pudientes de todo el mundo. 

No seré yo el que critique que cada uno estudie donde quiera y donde pueda, pero es que precisamente Sánchez sí critica la enseñanza privada y dice defender la enseñanza pública para todos. Bueno, para todos menos para su hija. No es el único incoherente dentro de la izquierda, recordemos a aquel Pablo Iglesias, el ‘podemita’ que menospreciaba a los que entraban en política y cambiaban de barrio para mejorar su vida y al poco tiempo se compraba un casoplón en Galapagar abandonando su querida Vallecas al tiempo que ponía a caer de un burro a los empresarios por explotadores y, a continuación, montaba su empresa de hostelería recurriendo a la ayuda de sus seguidores para que aportaran el dinero para montarlo y así lo hizo. Poco después, trabajadores del Garibaldi mostraron su protesta por las condiciones de trabajo que el ‘podemita’ les imponía. Según un actor sectario, a Iglesias le sale el dinero por las orejas y yo me lo creo, porque montar negocios con el dinero de otros debe de ser fácil.

La sanidad pública es una bandera a la que la izquierda se abraza como si los demás no la quisieran, lo que es falso de toda falsedad, pero cuando tienen un problema de salud recurren a la sanidad privada directamente. Así lo hizo la ex vicepresidenta socialista Carmen Calvo en la madrileña clínica Ruber. Pero la medalla de oro se la daré hoy al presidente Zapatero. Este individuo pronunció, sin ponerse colorado, una frase que le perseguirá de por vida, recuerden: “Un socialista es aquel que tiene muy poco y está dispuesto a dar mucho”. Poco después le descubrieron una caja fuerte con joyas valoradas en precio de tasación, que no de mercado, en más de 1.300.000 euros que sustrajo al Patrimonio del Estado para quedárselas él. No contento con ello, utilizó su influencia, con el respaldo total de Sánchez, para facturar por el mundo adelante millones de euros de dictaduras como la venezolana o la china. La izquierda también es muy dura con el nepotismo, me parece bien, pero Zapatero lo interpretó de otra manera y metió a sus propias hijas a facturar a través de una empresa que, según la UCO, le servía para facturar cosas que él no podía facturar directamente. O sea, favorecer a tus hijas está mal, pero a las suyas está bien. Acepto todas las diferencias ideológicas de cualquiera, unas las respeto y otras no, pero eso es parte del sistema democrático, en el que no debía caber el sectarismo que la izquierda champagne aplica a los demás. Lo que no entiendo, más allá del sectarismo, es a la gente que dice ser de izquierda y apoya y defiende este tipo de acciones como las aquí relatadas. No tienen principios ni finales, no conocen valores ni honor, pero predican todo aquello que resulta ser lo contrario a lo que ellos hacen y por eso terminaré con otro refrán, “dime de qué presumes y te diré de qué careces”. Ánimo izquierdistas, sigan engañando a los suyos, que parece que les gusta. Para otro día dejaré el tema de la prostitución tan perseguida por las feministas socialistas pero que comparten mesa y mantel con consumidores de prostitución. Ya saben, “soy feminista porque soy socialista” Ábalos dixit.