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Qué papelón, ¡mi general!

Vivimos de sobresalto en sobresalto. Podríamos decir que en esta España es imposible relajarse ni un momento. Cuando no es el hermano condenado es la mujer en el banquillo, o la directora general de la Guardia Civil, o el DAO, o su segundo, o Ábalos, o Koldo, o Aldama, o los trenes o las “danas”, o Cerdán o… ¡vaya usted a saber! Todos estos casos tienen un nexo común: el presidente del Gobierno al que nada ni nadie parece afectarle ni inmutarle, como Joe Rígoli ¡él sigue! Y cuando habíamos encontrado una ráfaga de aire fresco con la selección española y todos los ciudadanos unidos nos sentimos orgullosos de ser españoles gracias al fútbol, esto es para darle una vuelta, aparece Europa aplaudiendo una ley de amnistía que purifica al propio prófugo Puigdemont y avergüenza al estado de derecho y hace su aparición estelar un teniente general, ahí es nada, de la Guardia Civil para demostrarnos que el benemérito cuerpo también ha sido colonizado por el “sanchismo” en su cúpula pero también para confirmarnos que todavía hay hombres de honor que lucen el tricornio haciendo buena la consigna “el honor es mi divisa”.

El diálogo que todos pudimos escuchar gracias a la exclusiva de ABC, pone en evidencia que algo está podrido en la cúpula del Cuerpo, un teniente general que ordena a un General no asistir a un acto institucional de la Comunidad de Madrid, la celebración del 2 de Mayo, le amenaza con las consecuencias y le sugiere que abandone su carrera pidiendo el pase a la reserva, es la mayor indignidad jamás vivida en el entorno del mando de la Guardia Civil, salvo la excepción del tal Roldán, otro socialista que dejó su huella (vergonzosa) en la historia del Cuerpo benemérito.

Pero ahí estaba el General Fernando Mora, que consciente de su posición como máximo responsable de la Guardia Civil, se enfrentó con su superior y le anunció que, aunque cumpliría la orden por obligación, haría saber a la presidenta Díaz Ayuso que no asistiría porque “no le dejaban”. Con poca vergüenza, ninguna, el teniente general se atrevió a decirle a Mora que consideraba una deslealtad esa explicación a la presidenta. ¡Una deslealtad! No cabe mayor deslealtad que un teniente general transmitiendo una orden política que “viene del ministerio” y con el visto bueno de la directora general de la Guardia Civil, imputada en un proceso por las cloacas del PSOE.

A fecha de hoy, el silencio de la susodicha directora empeora las cosas, como Pilatos se lava las manos y no castiga al teniente general, calla porque sabe de dónde salió la orden y la intención que tenía: boicotear a la Comunidad de Madrid y a su presidenta, abandonando los valores y la institucionalidad del Cuerpo que dirige, sin más mérito que su “sanchismo”.

Pasa esto en la Guardia Civil, en el CIS de Tezanos, en TVE, en Paradores Nacionales y en una lista interminable de empresas públicas e instituciones del estado que han sido fagocitadas por el “sanchismo” con personas de medio pelo que no acreditan currículo alguno que justifique su nombramiento. Los inmorales no han superado y cuentan con el respaldo, ni más ni menos, que del presidente del Gobierno que habla de todo, pero no tuvo ni una palabra para Miguel Ángel Blanco en el aniversario de su asesinato por ETA, cuyos herederos son hoy por hoy socios prioritarios de Sánchez en el parlamento.

Siento mucha vergüenza de este Gobierno, también del teniente general Luis Antonio del Castillo y, cómo no, de toda la podredumbre y corrupción que respiramos los españoles sin que nos dejen votar por tener secuestrada nuestra democracia. Dicho lo cual, menudo papelón, ¡mi general!