Mi cuenta

Las notificaciones están bloqueadas. ¿Cómo desbloquear?

Mi cuenta

Las notificaciones están bloqueadas. ¿Cómo desbloquear?

Adiós, San Roque de Afuera

Las cosas que se perdieron en la mudanza. Hacer una mudanza cuando tienes claramente síndrome de Diógenes. ¿Qué hacer si no eres capaz de abrir la secadora nueva? Cómo hacer que tu perro no se lamente como un condenado a la horca los primeros días. ¿Llegarán a tiempo los instaladores de la nueva televisión para poder ver la final del Mundial contra los argentinos? Cómo sobrevivir a la mudanza si tienes lumbago. ¿Estará la Play en las cajas que quedan o se habrá perdido por el camino? Mil preguntas y muy pocas respuestas, amigo lector.

Después de 20 años en San Roque de Afuera decidí mudarme, porque la vida es un continuo cambio y la inmovilidad acaba por pesar más que un luchador de sumo a dieta de engorde. No se engañen, amo San Roque de Afuera. Un barrio venteado, eso sí, con sus playas de agua limpia, sargazos y la Torre de Hércules enfrente iluminando la casa por la noche. Pero con un gran defecto: no tiene bus. No tiene bicicletas. No tiene supermercado (bueno, el Claudio express podría contar como tal, pero el suministro deja algo que desear y en poco tiempo quedan las baldas vacías hasta de papel higiénico). Tiene viento. Mucho viento. Espectaculares vistas a los ciclones y tormentas. Tienen una cervecería fantástica (La Nueva Estación) y un restaurante de culto con los mejores huevos rotos de Coruña (El Solpor). Un barrio con gente encantadora y que profesa una adoración por la zona digna de un escocés por las Highlands. El nordeste te sacude la melena así que lo raro es que no esté todo lleno de peluquerías, pero es que en San Roque somos (éramos) raros. Hace frío, pero allá va el vecino a bañarse en pleno invierno en el agua helada. La marea sube y la cala se queda sin arena, pero para eso está la placita con bancos y alguna lancha que ha sobrevivido a las olas y al paso de los años. Y las duchas que sirven para que los visitantes se higienicen convenientemente.

Cuando yo llegué a San Roque de Afuera había al lado de casa un pueblo marinero precioso, con su lavadero al que iban aún las vecinas a lavar la ropa con jabón lagarto. Ese pueblo estaba entre abandonado y habitado, en ese estado en el que San Roque permanece desde el mercado de frutas y la capilla del santo. Recuerdo pasear por las casas derruidas entre gatos de ojos fulgurantes y malas hierbas, y alguna vivienda habitada de la que los inquilinos no querían salir, porque San Roque de Afuera es un barrio adictivo y trepidante, con campo y playa, monte y asfalto, pero sin bus.

Por lo visto no hay bus porque los peces no usan el transporte público. Si se fija bien, amigo lector, el Paseo Marítimo tiene un servicio de autobuses ridículo, ya que el servicio público no afecta a las zonas con playita. Antes teníamos el tranvía, pero todos sabemos que los políticos acaban con lo que hizo el anterior, en una suerte de damnatio memoriae que de poco sirve cuando vives en una ciudad pequeña con mucha memoria para lo bueno y lo malo.

Me cuentan que los aficionados del Dépor se han manifestado por la desfeita que quieren hacer en la grada de Maratón. El Dépor debería tener en cuenta que Coruña no olvida ni perdona, así que ojito con tocar, no toques, ¿por qué tocas?, lo que no debe ser tocado, como la grada de marras… Hablando de fútbol: aúpa España. La segunda estrella nos espera, árbitro mediante. Ustedes ya saben.