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Y él que se creía el rey de todo el mundo. Así reza la canción y así lo tenía interiorizado el presidente. Se equivocaba. Sánchez no puede explicar por qué tiene a su mano derecha en la cárcel y condenado a muchos años de prisión, no puede explicar por qué después de cesarlo lo incluyó en las listas al congreso de los diputados tras su cese fulminante como ministro y secretario de organización del partido. Tampoco puede explicar por qué el sucesor de Ábalos, Cerdán, también pasó por la cárcel y está a la espera de un juicio que pinta mal, muy mal, para el navarro y al que el partido aplaudió y fue apodado como “super Cerdán” en el cónclave socialista. Tampoco puede explicar por qué su hermano ha sido condenado en Badajoz. Ni mucho menos puede explicar si su suegro, el de las saunas, financió su campaña a las primarias socialistas tras ser defenestrado por su propio partido. Más difícil todavía lo tiene para explicar algo sobre la cesión del Sahara a Marruecos sin pasar por el parlamento y con todo el oscurantismo posible, no, no puede. Como explicar lo de Pegasus y los contenidos de su teléfono en manos de la inteligencia marroquí, junto con los de dos de sus ministros. Y, por supuesto, no puede explicar por qué se ha entregado al monarca alauita con armas y bagajes para humillación de España y de todos los españoles.

Ahora tampoco puede cesar a su ministra de defensa, Margarita Robles, quien desmintió al ministro Marlasca y al propio Sánchez con los informes de inteligencia, demostrando su disconformidad el pasado jueves permaneciendo sentada y sin aplaudir al caudillo socialista en su comparecencia parlamentaria. Tampoco puede cesar a su ministro del interior, el más detestado de su gobierno, porque está preso de su información. Cesar a uno o a la otra le supondría asumir un riesgo cierto de abrir la caja de Pandora y acabar más cerca de prisión que de Moncloa. Tampoco puede explicar por qué abandono a los ceutíes desatendiendo la frontera desde la que se perpetró la invasión y el ataque a la integridad territorial de España desde Marruecos. Su acuerdo con Bildu (ETA) tampoco lo puede explicar más allá de la aritmética parlamentaria más repugnante que jamás habíamos visto al igual que sus cesiones a los separatistas catalanes a los que no para de hacer concesiones que rompen la solidaridad inter territorial entre los españoles.

No puedo detallar todas las mentiras que ha contado a los españoles y a sus propios votantes, no cabrían en esta página y, lo que es peor, no puede explicar por qué más de un mes después, Ceuta sigue invadida de personas que deambulan por sus calles con las familias españolas que viven en Ceuta encerradas en sus casas y los negocios camino de la ruina. En este lamentable episodio ha culpado a Rusia, a Israel, a Estados Unidos y a la ultra derecha, a todos menos a Marruecos. Sánchez se ha instalado en el “relato” que consiste en negar la realidad para inventarse otra realidad paralela que a base de sus brazos mediáticos intenta orientar a la opinión pública para que le compre el discurso inventado. Pero cuando todos hemos visto las imágenes de los guardias marroquíes ordenando a los migrantes, camiones transportándolos hasta la frontera y miembros de la inteligencia marroquí colándose entre las masas que violentaron nuestra frontera sur, parece imposible que mantenga su mentira contra viento y marea.

Las manifestaciones del pasado día 2 en toda España le han dicho a Sánchez ¡ya está bien! Sánchez no puede seguir en su puesto cabalgando mentiras permanentemente, una tras otra y atado al poder por su capacidad para convocar o no elecciones, aún sabiendo que no cuenta con mayoría social, ni parlamentaria y debe dar la palabra a los españoles convocando elecciones. ¿Puede no hacerlo? Sí, puede no hacerlo legalmente, pero retrata a un personaje que ha pasado de ser un demócrata a un autócrata e, increíblemente, apoyado por el sanchismo que ya ha destruido al Partido Socialista Obrero Español, ahora irreconocible, para convertirlo en una especie de secta que sigue ciegamente a su líder. Sánchez no puede seguir, no debe seguir salvo que pretenda cargarse la democracia, que es un valor supremo y que pertenece a todos los españoles.