La cota está en los trescientos metros, pero no perdemos la esperanza de que se repita aquella escena de 1987 –que a falta de redes sociales, los que la vivieron guardan en la memoria– y veamos nevar. Estamos preparados. Tenemos la ilusión, los móviles con batería y sobre todo, el frío. Ya que lo sufrimos, que al menos nos dé una alegría.
