Que uno es presidente del Deportivo y el filial se juega el ascenso a mediodía en Riazor, ahí está en el palco dando apoyo. Que ese mismo día el primer equipo aspira a la cabeza de la tabla a las cuatro en Huesca, ahí está compartiendo ánimos con la afición blanquiazul. Magia. Y la ilusión se mantiene si no se sabe el truco
