En una ciudad en la que podríamos ir de arenal en arenal durante toda la semana sin repetir destino, igual sorprende que la zona de deportes de playa se instale en un parque. Pero tiene explicación. Lo de llevarse las porterías al hombro al Orzán es cosa de otro siglo. Queremos instalaciones con muros, redes e iluminación led. El romanticismo del deporte en la calle, para las reuniones de veteranos.
