Cualquiera que se topara el lunes con el conductor kamikaze al que tuvo que perseguir la Policía por media ciudad hasta que llegó a la gasolinera que hay entre la estación de autobús y la de tren pensaría que se trataba de una nueva película de Vaca Films. Pero no, se trataba de algo muy real que solo coincide con las películas en que, por suerte, tuvo un final feliz.
