Hoy es 13 de junio, hace veinte días que el Dépor ascendió a Primera y trece desde que despidió la temporada en Riazor, césped que no pisará hasta agosto. Hoy, 13 de junio, iba a ser un gran día: la jornada en la que El Último de la Fila, una banda adorada por los coruñeses desde aquel memorable primer concierto en el Palacio de los Deportes en 1988, regresaba a la urbe 30 años y pico después de su última actuación. Más de 24.000 entradas se habían despachado para un concierto que se presumía histórico, por el tiempo transcurrido y por el escenario, el estadio. Sin embargo, lo que hoy harán miles de coruñeses será ir un ratito a pie, otro caminando, y otro más largo en coche, en peregrinación forzosa al Monte do Gozo para ver a Manolo y a Quimi. No ha habido suficientes explicaciones por parte del gobierno local sobre su decisión de negar Riazor a la promotora del concierto. Quizá porque es inexplicable.
