Hay quien dice que los gallegos tenemos el copyright de la emigración, junto a un par de pueblos más. Así que no nos resulta extraño cuando uno de los nuestros se marcha en pos de un gran futuro fuera. Pero siempre nos queda ese poso del regreso, de ser felices en casa. Angeliño es un ejemplo más de que, como en casa, en ningún sitio.
