Maximino Abraldes | “Hoy podemos conservar la visión en casos que hace 20 años eran incurables”

Maximino José Abraldes López-Veiga, especialista en mácula, retina y vítreo con dilatada experiencia, acaba ingresar en la Real Academia de Medicina de Galicia, un acto celebrado en A Coruña donde impartió una conferencia centrada en la segunda causa de pérdida de visión más común, que depende, en gran medida, de llevar hábitos de vida saludables.
¿Qué supone para usted ingresar en la Academia?
Es un honor como profesional. Intentaré aportar lo mejor de mí para la Academia y ayudar a difundir el conocimiento científico, que es algo que también llevo haciendo yo muchos años.
Su presentación se centró en las oclusiones venosas de la retina, ¿qué son y por qué deberían preocuparnos?
Son la segunda causa de pérdida de visión de origen vascular de la retina, bien porque se produce una edema macular, es decir, acúmulo de líquido que impide al paciente ver con claridad, poder leer, reconocer las caras de sus allegados... Y por otro lado, puede dar lugar a complicaciones isquémicas, como el glaucoma neovascular o una hemorragia vítrea. Ambas pueden ser también causas de pérdida de visión. Con lo cual es una enfermedad importante que en el momento en el que se diagnostica, hay que poner todos los medios a nuestro alcance para que no se complique.
¿Hay ciertos grupos de población con más riesgo de padecerlo?
Sí. En primer lugar, la edad influye, pero los factores de riesgo son cardiovasculares. Es decir, aquellas personas que tienen hipertensión arterial, dislipemia –alteraciones del metabolismo de los lípidos, como el aumento de colesterol, de triglicéridos, etc. –. También el tabaquismo y la terapia hormonal sustitutiva, que se da en algunas mujeres para la menopausia. Son factores predisponentes. Y como decía al principio, esto suele estar relacionado con la edad.
¿No se da en jóvenes?
Cuando ocurre en pacientes menores de 50 años, hay que descartar que haya otras patologías, como trombofilias, que lo que hacen es que aumentan la viscosidad sanguínea y eso produce una oclusión del retorno venoso. En estos casos, hay que estudiar la causa por la que se produce. Normalmente la oclusión venosa de la retina es una manifestación ocular de una enfermedad sistémica. Por ejemplo, tiene tensión arterial y se manifiesta en el ojo. Es importante controlar estos factores de riesgo.
La hipertensión, el colesterol... una vez más no les damos importancia hasta que es tarde. ¿Los ojos pueden ser una señal de alerta?
Correcto. Igual que pasa en el ojo, puede pasar en otros órganos diana . Por eso la oclusión venosa retiniana puede ser un marcador de enfermedades cardiovasculares. Hay gente que no sabe que tiene uno de estos factores de riesgo y, de repente, tiene pérdida de visión. Va al oftalmólogo, que le diagnostica una oclusión venosa y este le dice que puede tener relación con todos estos factores de los que he hablado antes. En muchas ocasiones, lo que vemos es que estos pacientes es que detrás hay una hipertensión arterial, una historia de dislipemia... La diabetes también.
¿Qué recomienda para que estas patologías se detecten a tiempo?
Las oclusiones venosas de la retina son una patología que ocurre de forma aguda. El paciente tiene una pérdida brusca y aguda de la visión y entonces acudir al oftalmólogo. Para prevenir, desde el punto de vista oftalmológico no podemos hacer nada. Pero la gente tiene que controlar la tensión arterial, hacerse análisis de sangre, por si hay alguna de estas alteraciones, que un médico lo corrija antes de que se produzca esta complicación.
¿Entonces los hábitos de vida saludables también ayudan a proteger la visión?
Por supuesto. Son muy importantes, porque muchas de las enfermedades que vemos en la retina tienen su origen en enfermedades de este tipo.
Nunca pensamos que la hipertensión o la diabetes pueden ocasionarnos pérdida de visión.
Sí, pero los ojos y la retina a veces son una ventana de lo que ocurre en el resto del organismo. A través de una exploración oftalmológica, detectamos patologías que están ocurriendo no solamente en el ojo, sino también en otras partes del cuerpo.
¿Qué ha cambiado en el abordaje de estas patologías en los últimos años?
Para el edema macular, que es la causa más frecuente de pérdida de visión en esta patología, hasta hace 20 años no teníamos ningún tratamiento que fuese efectivo. Desde aproximadamente 2009, disponemos de fármacos intravítreos, que son unos fármacos que se inyectan dentro del vítreo y que con eso conseguimos disminuir el edema macular. Hace años, estos fármacos había que inyectarlos con una frecuencia muy corta. Los pacientes tenían que venir prácticamente todos los meses a inyectárselo. Sin embargo, hoy en día disponemos de fármacos más potentes y más duraderos. Ya no tienen que venir todos los meses, sino que pueden venir cada tres, cuatro o cinco meses a tratarse. Y esto sí que es una auténtica revolución, porque mejora muchísimo la calidad de vida de los pacientes.
¿Hoy en día pueden conservar su visión gracias a estas técnicas?
Sí. Estas enfermedades hasta hace 20 años eran intratables e incurables y ahora hemos conseguido, gracias a esto, que los pacientes no pierdan visión e incluso puedan realizar sus actividades habituales y cotidianas. También hubo una revolución en cuanto al diagnóstico, porque ahora se hace con pruebas muy poco invasivas
¿Y cuál es el reto?
Pues conseguir fármacos que duren más tiempo dentro del ojo, y a poder ser, que eso ya va a ser un poco más complicado, que se puedan administrar por otras vías que sean menos invasivas. En unos años tendremos probablemente tratamientos incluso mejores, pero hay que seguir investigando.











